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Los abogados nos dedicamos a resolver los problemas que las personas no pudieron resolver por su propia cuenta. Somos artesanos del conflicto. Se valoran nuestras destrezas ante la percepción de no haber una solución posible. Cuando la misma se encuentra, queda en relieve SOLO lo otro que es lo menos trascendente. Surgen así las frases: “un papelito, una gestión, estaba ganado desde el inicio, tardó mucho tiempo, no me respondió los mensajes, etc”.

Por ello, adelantando la conclusión posible de ésta historia, los honorarios se pactan cuando se tiene concepción cercana o plena del trabajo a realizar, y cuando el problema aún no está resuelto. Obviamente, dentro de la ley de ética y de honorarios profesionales. Pero no lo considero bueno en el final del pleito. El cliente busca una solución a su conflicto y tiene certeza para determinar en ése momento si el resultado propuesto es acorde a lo que está dispuesto a pagar, y es bueno que así sea porque el acuerdo es claro para ambos.

Sin embargo, hay culpa en los abogados también cuando descubrimos que lleva tiempo hacer que las cosas pasen. Acaso sabes ¿Cuánto cuesta un día de trabajo?, ¿Cuánto cuesta una hora de trabajo?.  Para tener claridad esas preguntas deben saber responderse. Te invito a bajar la planilla de Excell de NUEVALEX. COM que te permitirá determinarlo  http://nuevalex.com.ar/descarga-tarifario/

Había una vez un anciano millonario que se adentró en el mar para nadar y cuando percibe que tenía un calambre en sus piernas toma conciencia que no podría llegar de vuelta a la costa para salvar su vida. Resignado a su triste final procura hacer todo lo posible hasta que se cansa y sólo le queda rezar por una solución. Es ahí mismo cuando, de pronto un isleño que estaba pescando en una balsa precaria lo ve y se acerca para ayudarlo. Pero de inmediato se da cuenta que la balsa no soportará el peso de ambos. El anciano, hábil negociador, le dice “te doy TODA MI FORTUNA si me salvas la vida, soy millonario. El isleño sin importarle eso, simplemente descubre la solución. Lo sube a la balsa y él nadando la conduce hasta la costa. En ese mismo instante, empieza a recibir adulaciones:  ”Sos brillante, generoso, personas como vos cambiarían el mundo, te haré millonario, porque me salvaste la vida”.  A mitad de camino, le dice: “Que buen día para vos eh… saliste a pezcar y te hiciste millonario”. El isleño mientras nada entiende que el buen día era más para el anciano que para él, pero prefiere no responderle. Nuevamente, el anciano le pide si por favor, podría aceptar la mitad de su fortuna, y no toda, puesto que tiene una familia que mantener. El isleño, acepta. Llegados casi a la costa, percibiendo el anciano que su calambre había cesado y que podía llegar sólo a resguardo, de forma intempestiva le dice: “querido amigo, creo que has abusado de mi generosidad, de mi necesidad y estas aprovechándote de mi. Al llegar te daré de regalo éste hermoso reloj sumergible que te servirá de mucho para tu oficio de pezcador y creo que estas bien pago por el esfuerzo realizado para salvarme la vida”.

Esta historia debe enseñarte que parte de los problemas que se generan con los honorarios es también responsabilidad de los abogados por no generar las condiciones de claridad y estabilidad que requiere el diálogo oportuno más un convenio por escrito firmado, el cual muchas veces se posterga inadecuadamente. Si no hay percepción del trabajo a realizar, si no hay adelanto de honorarios, si no hay una relación cercana entre el cliente y el abogado, es difícil que las cosas sean claras para ambos, si no hay compromiso escrito mutuo al respecto posiblemente ambos no se alineen a la palabra empeñada. En esos casos, el final es impredecible para ambos.

Dr. Hugo E. Perez Mattiussi

Autor del libro ¿Cómo vivir de la profesión?.

HONORARIOS Y ABOGADOS. Una historia para pensar ¿Cuánto y cuándo?

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